jueves, 29 de diciembre de 2011

COLOMBIA

La guerra como identidad y la muerte alrededor

La muerte en Colombia no es un mal necesario, es un bien planeado, ejecutado y bendecido por los mismos héroes, patriarcas y patriotas que forjamos y ahora se pasean desesperados en busca de pedestal.

Colombia ha vivido en guerra desde antes de ser tal. Una realidad que no pasa en vano y se ha insertado de lleno en los imaginarios y en las estructuras mentales de los habitantes. Gran Colombia, Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia o República de Colombia, de presidentes a peones, la guerra está presente en el lenguaje, el deseo, la memoria, el miedo, la obsesión. Unos u otros generados o granjeados según la orilla que toque: los poderosos, en la mixtura y manipulación de los elementos; los humillados y ofendidos, en el padecimiento del brebaje.

El presidente Juan Manuel Santos, encarnación cachaca del eufemismo, habla de la paz como de algo querible y posible. Todos sus antecesores lo han hecho. Desde antes de la Patria Boba, hasta ahora, durante la prosperidad más inundada y absurda que padecemos, apenas por breves lapsos se ha hecho otra cosa. Colombia es un país lleno de guerreros que se creen pacíficos y de malosos que lo son por la gracia de Dios. Nadie acepta lo que es, todos negamos lo que sabemos que somos.

En el jardín cruzado por tres cordilleras y bañado por dos océanos, el odio crece fértil. Retoña siempre la venganza. Y no dejan de renovarse a diario las razones para mantener el ciclo de muerte.

Un difícil panorama, que se sobrelleva mejor a punta de mentiras, condonaciones, contriciones, trueques celestiales. Justificaciones y absoluciones para seguir la matanza sin que duela la cabeza ni tiemblen las manos. El sino fatal que nos confiere la tranquilidad del deber cumplido.

Cuando cualquiera habla en serio se sabe que es un taimado traidor. Se puede ser prosopopéyico, redundante, arrevesado, mas no decente y nunca sincero. El que ríe pronto yacerá tieso: el contento es burletero, causa envidia. Es un cuento el mamagallismo y una certeza la ambigüedad. Caletre de pistoleros amargados.

Los generales quieren y requieren la guerra para hacer carrera y sentirse útiles. El fuero militar les condona cualquier irresponsabilidad; el estado camufla así sus asesinos a sueldo en la institucionalidad, las ejecuciones extrajudiciales se vuelven embustes de opositores.

Monseñores, conservadores y adalides de la derecha católica profanan, a estas alturas, los cuerpos, templos de Dios de los simplones creyentes: Niegan el aborto, prohíben el uso de anticonceptivos: siguen condenando la mujer al vituperio y la hoguera. La Inquisición se añora, pero se esfuerzan para que las leyes purguen como el fuego. Sus cruzadas santas no dejan de ser violencias oprobiosas.

Una sociedad descompuesta que ve como enfermos a quienes tienen gustos diferentes, lúdicos, sexuales, o de quienes la media amorfa se ve o siente distinta. Opciones de la personalidad que no corresponden a sus latinajos excluyentes. Y quienes acusan son los mismos que se pudren alma adentro, eunucos de la psiquis, pederastas, violadores, a los que protege el ecclesiale espíritu de cuerpo...

http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/1904-colombia-la-guerra-como-identidad-y-la-muerte-alrededor.html

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